Una de las preguntas que más me hacen antes de empezar es esta: «Vale, pero cuando llegue el momento, ¿qué tengo que hacer yo exactamente?». Y es muy razonable. Sabes que EMDR sirve para el trauma, pero cómo es por dentro una sesión sigue siendo un misterio, y a nadie le gusta meterse en algo sin saber qué le espera.
Así que vamos a quitarle el misterio. Si todavía no tienes claro qué es esta terapia, te lo cuento en detalle en qué es EMDR. Aquí doy por hecho que ya lo sabes a grandes rasgos, y me centro en lo otro: cómo es el proceso real, fase a fase, y qué se espera de ti.
No se empieza procesando: primero construimos el terreno
Hay una idea equivocada muy extendida: que en EMDR llegas, te ponen a mover los ojos y a remover el trauma desde el primer día. No es así, y por una buena razón.
Antes de tocar nada doloroso, dedicamos tiempo a dos cosas. Primero, a conocernos y entender tu historia: qué te trae, qué experiencias pesan, en qué orden tiene sentido trabajarlas. A esos recuerdos a trabajar los llamamos «dianas». Segundo, y esto es clave, a que tengas recursos para sostener lo que pueda aparecer. No tiene ningún sentido abrir una herida si antes no nos hemos asegurado de que tienes con qué transitarla. Esa fase de preparación es lo que hace que EMDR sea seguro.
Solo cuando ese terreno está firme empezamos a procesar. Si en algún momento sientes que vamos demasiado rápido, me lo dices y ajustamos. Tú llevas el ritmo.
Las 8 fases, sin tecnicismos
EMDR tiene una estructura de ocho fases. No las notarás todas igual, ni duran lo mismo, pero te las cuento para que sepas en qué punto estamos en cada momento.
- 1. Historia e historia clínica. Nos conocemos, recojo tu historia y juntos identificamos las dianas y el orden de trabajo. Todavía no se procesa nada.
- 2. Preparación. Trabajamos estabilización y recursos internos, para que llegues al procesamiento con herramientas.
- 3. Evaluación de la diana. Miramos juntos el recuerdo concreto: la imagen que más molesta, la creencia negativa que dejó («no valgo», «no estoy a salvo»), la emoción y lo que notas en el cuerpo. Le ponemos una nota de malestar del 0 al 10, para tener un punto de partida.
- 4. Desensibilización. El trabajo central. Mantienes el recuerdo en mente mientras sigues un estímulo que va de un lado a otro. Tu tarea es solo observar lo que aparece. Ahora lo explico mejor.
- 5. Instalación. Cuando el malestar ha bajado, reforzamos una creencia más sana para asociarla a esa experiencia: de «no pude hacer nada» a «hoy tengo opciones».
- 6. Escaneo corporal. Repasamos el cuerpo de arriba abajo por si queda alguna tensión o sensación pegada al recuerdo. Si aparece, la trabajamos.
- 7. Cierre. Cerramos la sesión de forma estable, lleguemos donde lleguemos. No siempre se termina una diana en una sesión, y es completamente normal.
- 8. Reevaluación. Al empezar la siguiente sesión revisamos cómo ha ido la semana y cómo sigue el proceso, y ajustamos el plan si hace falta.
Qué tienes que hacer tú durante el procesamiento
Esta es la duda estrella, así que la respondo claro: tu trabajo es observar y dejar pasar. Nada más.
Imagínate sentado en el andén viendo pasar un tren. No tienes que subirte, ni pararlo, ni decidir a dónde va. Solo mirarlo pasar. Durante el procesamiento puede aparecer de todo: imágenes, pensamientos, emociones, sensaciones en el cuerpo, recuerdos de otras cosas, o a veces nada. No hay respuestas correctas ni incorrectas. No tienes que provocar nada ni esforzarte en sentir. Solo observar lo que venga, sin agarrarte a ello ni espantarlo.
Y dos cosas importantes. No necesitas contarme el recuerdo con pelos y señales: EMDR no va de relatar, gran parte del trabajo ocurre por dentro y en silencio. Entre serie y serie solo te pediré que me digas brevemente qué ha aparecido, una imagen, una sensación, un pensamiento. Y tienes el control en todo momento: acordamos antes una señal de parada, y si en algún punto es demasiado, paramos.
«¿Voy a revivir el trauma?»
Es el miedo más habitual, y la respuesta es no, no en el sentido de volver a pasarlo con la misma intensidad. Accedes al recuerdo con cierta distancia, como quien lo mira desde fuera.
Aquí está la parte interesante, y la cuento con honestidad porque entender el porqué tranquiliza más que cualquier promesa. Mientras sostienes el recuerdo, sigues un estímulo (movimientos de ojos, toques suaves alternos o sonidos) que ocupa parte de tu atención. A eso lo llamamos tarea dual: estás a la vez en el recuerdo y en la tarea. Y cuando una parte de tu atención está ocupada, el recuerdo pierde viveza y carga emocional. Eso es lo que te permite acercarte a lo que duele sin que te arrolle.
Un apunte honesto: durante años se dijo que esto funcionaba «por mover los ojos». La evidencia de que el movimiento ocular sea lo decisivo es en realidad débil. Lo que de verdad importa no es que sea con los ojos, sino que la tarea ocupe parte de tu atención mientras accedes al recuerdo. No te vendo magia: te cuento lo que de verdad sostiene el trabajo.
Qué pasa entre una sesión y otra
El procesamiento no se apaga cuando cierras la videollamada. En los días siguientes puede que tengas sueños más vívidos, que afloren recuerdos, que las emociones vayan y vengan, o que notes una especie de ligereza, como si algo se hubiera movido sin saber bien qué.
Nada de eso significa que algo vaya mal. Al contrario, es señal de que el trabajo sigue en marcha. Algunas cosas que ayudan en esos días:
- Anota brevemente lo que vaya surgiendo (sueños, imágenes, sensaciones). No para analizarlo, solo para revisarlo juntos.
- Cuídate físicamente. El sistema nervioso procesa mejor cuando descansas y estás regulado.
- Si aparece algo que te remueve mucho, usa los recursos que entrenamos en la fase de preparación. Y si aun así no puedes con ello, escríbeme.
- No fuerces nada. El proceso tiene su propio ritmo.
Preguntas que casi todos se hacen
¿Y si no recuerdo bien lo que pasó?
No hace falta un recuerdo nítido. A veces solo hay una sensación en el cuerpo, una emoción o una imagen borrosa. Con eso basta para empezar.
¿Cuántas sesiones voy a necesitar?
Depende de cada persona y de lo que trabajemos. Algo acotado puede resolverse en pocas sesiones; una historia más larga o un trauma complejo lleva más tiempo. Lo vamos viendo juntos, sin plazos de catálogo.
¿Puede EMDR empeorar las cosas?
Si el proceso está bien guiado y a un ritmo adecuado para ti, no. Por eso la fase de preparación es tan importante: no se empieza a procesar hasta que hay recursos sólidos.
¿Tengo que hablar mucho?
No. EMDR es una terapia emocional, no de hablar. El trabajo ocurre por dentro, y hablar de más durante las series puede interrumpirlo. Cuanto más te quedes en tu experiencia interna, más fluido va.
Si estás pensando en empezar
Llegar a la primera sesión con una idea clara de qué va a pasar ayuda muchísimo, porque cuanto más tranquilo estás, mejor fluye el proceso. Y eso era justo lo que buscaba este texto.
Si crees que EMDR puede ayudarte, puedes ver cómo trabajo la terapia de trauma online, o reservar una primera consulta y lo hablamos sin compromiso. Resolvemos tus dudas antes de empezar nada.
