Cuando le explico a un paciente qué es EMDR, suelo decirles algo así:
«Es una terapia emocional que nos permite procesar aquellas experiencias que, por alguna razón, tu mente no pudo procesar en su momento.»
Y casi siempre la respuesta es la misma: una mezcla de curiosidad y escepticismo. Es normal. EMDR suena extraño. Movimientos de ojos, estimulación bilateral, fases… parece más ciencia ficción que psicología.
Pero es todo lo contrario. Es una de las técnicas con mayor respaldo científico para el tratamiento del trauma, avalada por la OMS y por décadas de investigación. Y funciona de una manera que, cuando la entiendes, tiene todo el sentido del mundo.
Por qué hay experiencias que «se quedan atascadas»
Tu cerebro tiene un sistema natural para procesar lo que vives. Una analogía que se usa a menudo es el sueño: durante la fase REM, mientras los ojos se mueven, el cerebro trabaja en silencio integrando lo que has vivido durante el día. De ahí surgió la intuición inicial sobre EMDR, aunque, como verás enseguida, hoy se entiende el porqué de otra forma.
En 1987, la psicóloga Francine Shapiro lo descubrió por casualidad mientras paseaba por un parque. Notó que los pensamientos que la perturbaban perdían intensidad mientras sus ojos se movían rápidamente de un lado a otro. Esa observación cambió la psicología del trauma para siempre.
Lo que Shapiro propuso es que los movimientos oculares bilaterales ayudaban a activar ese sistema de procesamiento. Hoy sabemos que el mecanismo exacto todavía se está estudiando: la evidencia de que el movimiento de ojos en sí sea lo decisivo es más débil de lo que se pensó al principio, y todo apunta a que lo que de verdad importa es mantener la atención ocupada en una tarea mientras accedes al recuerdo. Lo que sí está sólidamente respaldado es que EMDR funciona para el trauma. Y cuando ese sistema funciona, puede hacer con los recuerdos bloqueados lo que nunca pudo hacer solo.
Pero hay experiencias que ese sistema no puede procesar solo. Momentos de alto impacto emocional — un accidente, una pérdida, una situación de abuso, pero también cosas aparentemente «menores» como años de críticas, rechazo repetido, o sentirte invisible — que se quedan bloqueadas. Sin digerir.
Y ahí es donde empieza el problema.
Porque esa experiencia bloqueada no desaparece. Se queda guardada con toda su carga emocional original: las imágenes, las sensaciones corporales, las emociones… y sobre todo, una creencia sobre ti mismo que nació en ese momento y que desde entonces te acompaña sin que lo sepas.
Creencias como «no soy suficiente», «no estoy a salvo», «soy culpable», «no tengo control». Creencias que no elegiste, pero que llevas dentro.
Qué es el trauma (y por qué probablemente lo estás entendiendo mal)
Antes de hablar de EMDR, hay que hablar de trauma. Y hay que hacerlo bien, porque la mayoría de la gente cree que el trauma solo le pasa a quien ha vivido algo «muy grave».
No es así.
El trauma no lo define el evento en sí, sino el impacto que ese evento tiene en ti. Hay dos tipos:
Trauma con T mayúscula: eventos claramente identificables — accidentes graves, abusos, violencia, pérdidas traumáticas. Nadie discute que esto deja huella.
Trauma con t minúscula: experiencias más cotidianas pero igual de dañinas cuando se acumulan. Ser humillado de pequeño. Crecer en una casa donde nadie te escuchaba. Sentirte rechazado una y otra vez. Un jefe que durante años te hizo sentir incompetente.
Ninguno es «menos trauma» que el otro. Los dos pueden dejar el mismo poso. Y los dos se pueden trabajar con EMDR.
Cómo funciona EMDR en consulta
EMDR trabaja con lo que llamamos «dianas» — los momentos concretos más perturbadores de una experiencia. No trabajamos con el recuerdo en general, sino con el instante exacto donde más daño se hizo.
De cada diana extraemos cuatro elementos:
- La imagen más perturbadora del recuerdo
- La creencia negativa que ese momento dejó sobre ti («soy débil», «no valgo», «es culpa mía»)
- Las emociones que aparecen al revisitarlo
- Las sensaciones corporales — porque el cuerpo también guarda el trauma
Una vez construida la diana, comenzamos el trabajo con estimulación bilateral. Esto puede ser movimientos de ojos, toques alternos en las manos o tonos auditivos. El tipo de estimulación se elige según cada persona.
La idea de partida fue que esta estimulación se parece a lo que el cerebro hace durante el sueño REM, aunque, como decía antes, el mecanismo exacto todavía se investiga. Lo que sí se observa en consulta es que ocupar parte de tu atención con esa tarea, de forma controlada y segura, permite acercarte al recuerdo sin que te desborde. En sesión, mantienes un pie en el presente y otro pie en el pasado — eres consciente de dónde estás, de que estás a salvo, pero al mismo tiempo accedes al recuerdo bloqueado.
Y entonces algo ocurre. El recuerdo empieza a moverse. A perder su carga. A integrarse.
Lo que EMDR no es
Hay dos cosas que la gente teme cuando le hablo de EMDR:
«¿Voy a tener que revivir todo?» Sí hay un acercamiento al recuerdo, pero no como probablemente te imaginas. No se trata de narrarlo todo en detalle ni de sumergirte en el dolor sin red. La imagen que mejor lo describe es esta: ponemos un pie en el pasado mientras el otro sigue en el presente, en un entorno seguro y controlado. Y antes de llegar a ese punto, trabajamos juntos herramientas de autorregulación emocional para que tengas los recursos necesarios para sostenerte durante el proceso.
«¿Me van a hipnotizar?» No. Estás completamente consciente y en control durante todo el proceso. Si en algún momento quieres parar, paras.
¿Para quién es EMDR?
EMDR está indicado para quien carga con experiencias del pasado que siguen afectando su presente. Esto incluye, pero no se limita a:
- Ansiedad o miedos que no tienen una causa clara hoy
- Reacciones emocionales intensas ante situaciones que «no deberían» afectar tanto
- Síntomas físicos sin explicación médica — tensión, fatiga, dolores crónicos
- Baja autoestima profundamente arraigada
- Episodios de depresión ligados a experiencias pasadas
- Dificultades en las relaciones que se repiten como un patrón
Si te identificas con alguno de estos puntos, puede que haya algo que procesar. Y eso tiene solución.
Una última cosa
EMDR no borra recuerdos. No hace que olvides lo que pasó. Lo que hace es cambiar cómo lo llevas. Que el recuerdo pierda su carga emocional y puedas mirarlo desde otro lugar — sin que te paralice, sin que te defina, sin que siga dictando cómo te relacionas contigo mismo y con el mundo.
Porque lo que pasó, pasó. Pero cómo lo llevas hoy es algo que sí puede cambiar, y se puede trabajar con terapia de trauma online.
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Marcos Navarro García es psicólogo colegiado (AN11619) en Sanlúcar la Mayor, Sevilla. Ofrece terapia psicológica online para adultos, especializado en trauma, EMDR, ansiedad y depresión.

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